En Ámsterdam se encontró una original solución a los pegajosos problemas que trae consigo la goma de mascar. Y es totalmente ecoamigable.

A todos nos ha pasado ir por la calle y pisar un chicle, el cual se pega insistentemente en la suela de nuestro zapato. Lo cierto es que los chicles son más que esta molestia pasajera: se han vuelto un problema grave de salud pública –ya que cada goma de mascar contiene millones de bacterias– y tienen graves consecuencias para el medioambiente en general.

Además, es indudable que los chicles impactan negativamente en la estética de las urbes, donde se libran guerras contra este tipo de contaminación, que suelen ser muy costosas y tediosas.

Quienes se dedican a dirigir esta guerra en Santiago de Chile hablan del trabajo de quitar chicles como un tipo de “esclavitud moderna”, ya que quienes lo hacen deben ponerse de rodillas para retirar cada goma, usando una espátula y gasolina.

Y por cotidiana que sea la escena, el problema es grande: sólo en el centro capitalino se despegan casi 90 kilos al mes, es decir, una tonelada al año. “Es como si los sembraran y nosotros los sacamos de a uno. Son casi cinco minutos raspando”, sostienen.

Para colmo, ¿sabías que los chicles son en su mayoría plástico?

Por eso, de no reciclarse, los chicles tienen un impacto tan negativo en el ambiente, pues la mayoría no son biodegradables. ¡Lo bueno es que son reciclables!

Una ocurrente solución a los múltiples problemas que acarrea el chicle ha sido implementada por una serie de empresas y diseñadores. Entre ellos se encuentra Gum-tec, una firma dedicada a reciclar este pegajoso material y convertirlo, a partir la extracción de su goma sintética, en todo tipo de productos.

Con ayuda de I Amsterdam y de la compañía de moda Explicit, Gumdrop encontró qué hacer con las 1.5 toneladas de chicle que se pegan al asfalto en Ámsterdam¡zapatillas!

El desperdicio del chicle se convierte en la materia prima con la cual se fabrica la suela de preciosas zapatillas que sin duda forman parte de la moda del futuro, pues son 100% sustentables.

Aunque sería paradójico comprar uno de estos tenis –que rondan los 200 euros– y pisar un chicle, ¿no crees? Pero lo que buscan los involucrados en el proyecto no sólo es luchar contra todos los problemas que acarrea el chicle, sino hacer conciencia sobre lo que desencadena el simple hábito de mascarlo –y más aún, de escupirlo en plena calle–. Por eso no sólo hacen tenis, sino también campañas de concientización.

Ahora tú también lo sabes: ¡no tires tus chicles en la calle!

Zapatillas hechas con chicles de las calles de Ámsterdam

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